No creía en cosas como el destino, o la magia. Pero desde que descubrí en mi interior un sentimiento nuevo, empecé a creer en ellas. Ese sentimiento era mi amor hacia a ti. Largo tiempo permaneció dormido, esperando a manifestarse, pero ese día llego al fin. Con mi corazón en sus manos, dormí ese dia, porque había descubierto la joya mas preciada del universo, la flor más bella y delicada, la mujer más maravillosa y divina de este mundo. Y ella me amaba, y yo a ella también. Desde entonces, mi vida cambio. Fue un torrente de emociones y sensaciones, una vida nueva en la que nada iba a ser igual que antes. Di y sigo dando mi vida por ella, ese ser que me hace temblar, mas no de miedo, sino de alegría y jubilo. Porque comparto mi vida con mi verdadero amor, aquel que a lo largo de la existencia de cada ser, aparece cuando no te das cuenta, pero esta ahí. Paso el día pensando en ella cuando no está a mi lado, pues nada me reconforta más que el recuerdo de su voz y el contacto de sus hermosos labios. Mas escribo esto porque la distancia nos separa y tengo el corazón dolido. Solo su amor me llena de fuerzas para seguir adelante, pues me amas, ¿verdad? Porque tu eres ella, la mujer de la que hablo, la mujer con la que deseo yacer. La que tiene mi corazón, pero no me lo ha robado, pues yo se lo he entregado gustoso, al igual que mi vida y todo lo que tengo, pues soy suyo, tuyo, para siempre.
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