Mi niña duerme. Ella es un ángel. Es preciosa. Descansa sobre mí. Sus bellas piernas sobre las mías y los delicados pies en alza. Mi niña duerme. Sus manos de cristal y plata aferran las mías. Solo hay tranquilidad. Mi niña duerme. Su vientre al aire, suave extensión de perfecta piel, la beso con suavidad y dulzura. Mi niña duerme. Más arriba, más allá de las sinuosas colinas, su relajado rostro descansa, respira armónicamente, su respiración es perfecta. Mi niña duerme. El cabello, fluye por sus hombros, no hay nada más seductor: Largo, y de un color indescriptible, finas hebras de oro y miel. Mi niña duerme. La beso. Sus labios y su boca son de dulce fresa. Recorro con la yema del pulgar su pequeña y tierna nariz de marfil. Tiene sus ojitos cerraditos, cuando están abiertos, asoman dos hermosos zafiros, tentación del hombre. Mi niña duerme. Cierro los ojos, y me duermo pensando en su amor. Mi niña duerme. Ambos dormimos.
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